Tan solo como hincha (tal vez Joffre Guerrón necesita psicoanálisis)

lunes, marzo 30, 2009



(imagen tomada de www.eluniverso.com)


Esto significa un mero recurso de desahogo.
Me sorprendió escuchar que muchos aficionados, algunos que salían del estadio y otros que miraron el partido por televisión, al ser entrevistados para los programas de deportes mostraban su satisfacción por el empate alcanzado. Yo estoy frustrado, y profundamente cabreado.
Lo que pasó ayer fue, desde cualquier perspectiva, injusto. La selección ecuatoriana dominó el partido. Brasil fue anulado, y por sus propios fueros fue nulo. No recuerdo haber visto una presentación de Brasil tan apagada, y en cambio creo que este fue el partido más ofensivo de la era Vizuete. De no haber sido por Julio Cesar, el arquero brasileño, el partido de ayer habría terminado por goleada a nuestro favor. Y también, de no haber sido por un egoísta Joffre Guerrón, al menos habría habido oportunidades más claras que quizá se hubieran concretado. Claro que hablar en términos hipotéticos es casi un sinsentido, el fútbol y sus cosas, lo sé, pero lo hago, como anticipé, por un deseo de desaforar la desilusión.
Alrededor del minuto 30 del primer tiempo Guerrón entró en diagonal por la derecha, en el centro esperaba Benítez completamente solo, pero mientras éste pedía que le pasara el balón, Guerrón finteó sus improductivas bicicletas y enseguida fue bloqueado por Luizao. Como era de esperarse, Benítez le reclamó a Guerrón pero éste ni siquiera le regresó a ver, corrió de vuelta hacia el medio campo con esa especie de desgano y de inmutación que ya se volvió odiosa. Y esa fue tan solo una de las varias de Guerrón. Siempre, tras cada error, se dio la vuelta y trotó con la mirada al piso, ensimismado, como distante. El resto fueron imprecisiones en los pases, individualidades extremas y esfuerzos a medias para alcanzar el balón. Hasta que Vizuete lo reemplazó.
Hay en la actitud de Guerrón algún problema que se envuelve con lo que muchos sabemos o al menos sospechamos: el agrandamiento tras un éxito relativo (campeón de la Copa Libertadores, su traspaso al fútbol español, la exaltación que le predica cierto sector del periodismo deportivo y otro meloso de la hinchada liguista) y la insuficiencia para saber manejarlo y menos para hacerlo jugar a su favor, para volverlo productivo y, en consecuencia, para que se haga más grande como jugador y como individuo. En España no le ha ido muy bien. Se dice que no le han dado suficientes oportunidades, y eso es cierto, al final el jugador se cuaja batiéndose en la cancha y aportando a los resultados, no solo entrenando y siendo parte de una nómina, pero también se sabe de los ya varios incidentes de los que ha sido principal camerinos adentro. Más de una vez se ha ido a los golpes y aquí la prensa bastante lo ha justificado diciendo que lo han provocado y que incluso se ha tratado de casos de xenofobia dentro de las filas del Getafe. No lo sé, es posible que algo de eso haya habido, pero ante eso me he preguntado por qué no le ha pasado lo mismo a Felipe Caicedo, a Segundo Castillo o a Antonio Valencia, que también juegan en equipos europeos. ¿Será que en la cultura futbolística puertas adentro de los equipos ingleses existe mayor apertura, cordialidad y apoyo que en la de los españoles? Es posible también, pero lo que comento sobre la actitud de Guerrón lo había notado yo, como simple aficionado al fútbol y por ende con no más recursos para la opinión que el de un , ya desde cuando la Liga de Quito entró a las fases finales de la Libertadores pasada. Y me refiero al nivel futbolístico y a la actitud, a la dejadez y al compromiso. O a su ausencia. Algo pasó con él tras la magistral jugada que terminó con un centro preciso para que Bolaños anotara de cabeza ante el América de México y el estadio de las Águilas se quedara petrificado. Luego no hizo mucho más que fintear, caderear y hacer que los remezones de entusiasmo de los graderíos terminen en ahogos frustrados. Por último el asunto concluyó en ciertos gestos que, viéndolos desde una pretenciosa –y posiblemente vacua- psicología, parecieran dar cuenta de algún desorden de temperamento. Recuerdo que tras haber conseguido la Copa Libertadores fue el único que no se sumó cuando los fotógrafos hicieron fotos del equipo completo, con dirigencia y todo, alzando el trofeo logrado. Antes, en las fotos para las que sí apareció, se mantuvo acostado en el césped sin mostrar ni una media sonrisa mientras el resto del equipo explotaba en júbilo. Y cuando se rompieron las filas él se quedó tendido sobre el campo. En serio, lo recuerdo bien. ¿Qué le pasa? Asunto de personalidad, de carácter. Puede ser, en todo caso, no tanto de aquellas geniales que, siendo hurañas, compensan con creces cuando tienen que hacerlo. (Un amigo decía ayer en medio del partido que, definitivamente, Guerrón necesita psicoanálisis).
Por lo demás, es lamentable que, a pesar de los buenos planteamientos que ha presentado Sixto Vizuete, que luego de los grandes partidos que ha hecho la Selección bajo su mando (recordemos el gigante y a la vez amargo contra Argentina, cuando nos empataron en el último segundo en Buenos Aires), como diría cualquier medio campista, las cosas no se le estén dando. Sigo pensando que es un buen director técnico y que muy merecido tiene el haber sido designado entrenador del primer equipo, pero parece que tras estos resultados esquivos su periodo se está terminando. Al menos así lo vaticinan los periodistas entendidos. Ya hablan del final de “la era Vizuete”. Y a veces los periodistas deportivos pueden llegar a tener la razón.
Se ha dicho, entre ayer en los noticieros y hoy en los periódicos, que el entrenador se demoró en hacer los cambios. En un momento pensé lo mismo, pero luego consideré la posibilidad de que Vizuete no reemplazó antes a Guerrón porque estaba esperando a ver si la dinamita explotaba de pronto. Es lo que suele pasar con jugadores de este tipo, de los que no mantienen una regularidad mientras permanecen en la cancha sino que revientan con alguna genialidad de último minuto, hacen un pase gol o anotan ellos mismos y al final terminan reivindicándose con el equipo y con la hinchada que ya los vapulea. La referencia que se me viene de inmediato es Kaviedes. Me parece que eso pasó ayer, o que se esperaba que pasara dejando a Guerrón más tiempo aun a pesar de su rendimiento desatinado, el problema fue que nunca ocurrió y más bien Christian Noboa, que entró en su reemplazo, demostró en los minutos que jugó lo que Guerrón no. Hasta la suerte lo acompañó y se topó con un rebote frente al arco que resolvió con un cañonazo por si al brillante arquero brasileño se le ocurría atravesar sus brazos de pulpo.
Con eso, yo, como un simple aficionado y como no más que eso, pienso que para el partido contra Paraguay debería entrar Noboa en lugar de Guerrón. De no ser así, o sea, de volver a saltar Guerrón como titular, creería que se incurrió en un error táctico, en un exceso de confianza hacia un jugador que no ha aportado mayormente en sus últimas participaciones con la selección y, peor, que con la oportunidad se podría aún más elevar el envanecimiento que parece ser lo que a Guerrón lo tiene, digamos, engreído.
Y a los engreídos, los buenos entrenadores –que no han sido muchos- con los que me he topado en mi paso por el fútbol de selecciones (colegio, universidad) solían castigarlos con la banca.

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5 comentarios

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. o eres el único que piensa así, Guerrón solo sirve para jugar en Cotocollao, en ningún sitio más, es la puerca verdad. Sobrado de porras, acuérdate que hasta nos negó el saludo esa vez en Ibarra cuando fuimos a tocar. Ah y por cierto hermano, Vizuete es con B. jojo. Saludos!

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  3. Ojalá mañana Guerrón se reivindique. Por su buena imagen y desempeño, le convendría cambiar el juego. Veamos.
    Y, no, pana, Vizuete es con V de Vendetta.

    Saludos.

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  4. Otra vez los lamentos, en esta pendejada o se pierde o se gana, lo que se diga entre estos dos puntos es pura paja

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  5. Hay quienes le llaman paja y quienes le llamamos opinión. Y tanto la paja como la opinión son derechos de todos.

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