La triste historia de El Cowboy toneado

lunes, enero 29, 2007


Un día, alguien, no recuerdo quién exactamente, llegó con el semblante mezclado de asombro y decepción. Traía la noticia de que había escuchado un ringtone de El Cowboy, tal vez la más popular, gogotera y trillada -o berreada, como, según mi hermana adolescente, dicen los adolescentes de hoy, los chicos PUMA, como ella los llama- canción de mi banda.
La pieza es una composición íntegra del señor Paolo Moncagatta, bajista y cantante del grupo, y único ser, al menos que yo conozca, que se haga lío por la exhuberancia de su origen. De ancestros paternos italianos, de madre boricua y por ende con pasaporte gringo; ecuatoriano de nacimiento, con residencia fija en Sangolquí e intermitente en Galápagos, Moncagatta viajó un día hasta Brasil haciendo el realismo-mismo-mágico viaje en barco por el río Amazonas. En un momento de esa travesía, como stigmata sonoro enviado por el Dios del pop, se le vino a la mente la melodía de la discordia.
Ya de vuelta y con la banda en ensayos, se armó el tema, se lo grabó y se le dio play hasta el hastío. Aquella melodía, el tararararán tan tan tan / taran taran tan tán, quedó registrada como el inicio de la canción en una línea de bajo de su ejecución.
Era el año 1999, y de ahí en adelante, como dije, a ese tema se le dio duro en la radio, en las disco-bar, en los karaokes y en una ocasión hasta la escuché en “El harén del primo”, aquél mítico cabaret de la vía Santo Domingo-Quevedo.
Resulta que en 2004, a una empresa llamada Teamsourcing, comparándonos con U2, The Black Eyed Peas o con cualquier otra figura del jet set musical, se le ocurrió tomar esa melodía y convertirla en ringtone. Luego, acudió a su inmenso socio y le ofreció el producto: una melodía elemental, de sonido electrónico primario, como elaborada con un sintetizador Fisher-Price, y encima de todo, mal hecha; con una nota que por ahí descalabraba la tonada original del emblemático Cowboy. Bellsouth, la empresa a la que me refiero, enseguida trepó el tono de timbre a la internet para que lo más fulero de su clientela se lo pudiera bajar tras el pago $ 0,88 + imp.
Como era de esperarse, nuestra primera reacción fue decir, ¿ y cómo así pues? Evidentemente con dialecto más sagaz.
Comenzaron las averiguaciones y sin tener que profundizar demasiado, nos encontramos de frente ante un evidente caso de apropiación indebida de una pieza musical patentada, con registro en el Instituto Ecuatoriano de Propiedad Intelectual (IEPI) debidamente legalizado y con derecho a uso exclusivo de su autor.
En lo que se comentaba el caso al que era y al que no, el señor Moncagatta fue provocativamente insinuado a que entablara una demanda en contra de la empresa de telefonía celular que negociaba con la canción de su propiedad. Y así fue. Moncagatta decidió contratar a un par de abogados, unas joyas de traje y mocasín, perlas inmaculadas de la jurisprudencia vivaracha y pertinaces deformadores del concepto Derecho; con ustedes, los hermanos Javier y Santiago Izurieta.
Ellos, con el ademán cha-bacano y la arrogancia hecha nudo de corbata, en palabras quizás algo más sofisticadas, a Moncagatta le dijeron: esto es huevadas, aquí les sacamos harto billete.
Se inició el juicio y con él los gastos de trámites burocráticos y peritaje. Comenzó así mismo el enredo, y entre aplazamientos de acciones y varios “tranquilo, mañana le hacemos” , pasaron ocho meses sin ningún resultado.
La empresa se enfrascó en la más atosigante y abusiva campaña publicitaria de los últimos…15 años, diría yo, y después de que hasta el aire y el cielo del Ecuador fueron pintados de azul y verde, la empresa de la campana amaneció con el título Movistar, nombre comercial de la multinacional Telefónica.
Aparte de aquél extreme make-over empresarial, nada importante había ocurrido con el paso del tiempo entre la maquillada compañía y su relación con el ringtone usurpado. Paolo resolvió, entonces, abandonar el asunto.
Corría agosto del año pasado y él se encontraba en una de sus estancias en Galápagos. Recostado en una roca anciana miraba al mar y soñaba con abandonarse a él, vivir con bermuda y zapatillas y soltar a la brisa su panza nueva, ya no chuparse como lo hace en la ciudad.
Pero de pronto, de vuelta en su heartquarter de Sangolquí, en medio de una cena familiar y con la conversación de nuevo sobre el mantel de lino, una amiga de su padre le alienta a que redacte una carta contando toda la historia y le ofrece que ella se la haría llegar a su amigo, Alberto Sandoval, Presidente de Movistar. El objetivo: para ver qué pasa.
La carta llega a la presidencia de Movistar y enseguida Moncagatta es invitado a reunirse con la dirigencia celular. Del asunto se hace cargo Andrés Donoso, vicepresidente de la empresa, y entre que los argumentos van y vienen, Donoso se deshace por primera vez de “el florón”: la culpa es de Teamsourcing por haber hecho el ringtone y Movistar mantiene una cláusula en sus estatutos mediante la cual deslinda cualquier responsabilidad con el tema de derechos de autor. ¡Pum!, quién sigue. La discusión continúa y en eso Sandoval revela algo inesperado. Un día, un misterioso personaje X se había presentado en la presidencia de Movistar para proponer que si le entregaban mil dólares, todos podrían olvidarse del asunto. Así, como quien se limpia polvo de las manos, X proponía el subterfugio del cohecho y pretendía dejar a los acusados en paz y a la parte acusadora en lo mismo. En nada.
Donoso le comenta aquél pasaje a Paolo pensando que él era parte del pretendido arreglo, y en varias ocasiones le cuenta que X había dejado su tarjeta personal, la cual, de haber sido mostrada, podría haber aclarado a nombre de quién X ofrecía tal trinca. A pesar de varios intentos amagosos por encontrarla en algún rincón del buró telefónico, la tarjeta de presentación nunca apareció. No se pudo saber entonces de parte de quién venía X; si era esbirro de los abogados o lacayo del fiscal a cargo. Lo único que quedaba claro era que X no fue enviado por Moncagatta, de hecho, el más sorprendido e indignado resultó ser el autor de El Cowboy. Él que iba para ver qué pasaba.
(…) Bueno, ya que algunas cosas están más claras, veamos qué se puede seguir haciendo con este asunto (…), es lo que más o menos concluyó la regencia Movistar para que no todo pareciera perdido en esa reunión.

Terminó el 2005 y con él parecía que el caso Cowboy quedaría archivado.
Ya ni se especulaba y menos se esperaba algún resultado auspicioso de este proceso. La banda se metió en lo suyo más que nunca y cuando el caso parecía desvanecerse como anécdota, a mediados de enero apareció otra cita a reunión. Moncagatta se juntó con Andrés Donoso, con la abogada de Movistar y con el gerente de Teamsourcing para determinar cómo mismo se concluía el caso.
Confieso que la posición de Moncagatta y la de toda la banda era algo optimista, y hasta pensamos que el resultado podría significar el seguir reuniendo dinero para la producción de nuestro nuevo disco, pero la conclusión fue muy diferente.
Como se dijo, Donoso lanzó la culpa a Teamsourcing, y con el argumento de la cláusula, según él, Movistar se mantenía al margen del problema, por lo que en ese punto su papel se volvió el de facilitador (término tan trendy actualmente) de la discusión.
Las posibilidades de arreglo iban esfumándose y más cuando el gerente de Teamsourcing arremetió con su principal escudo: ellos habían comprado los derechos del tema en cuestión a la muy ilustre Sociedad de Autores y Compositores ecuatorianos, SAYCE.
En ese momento vino la tercera gran sorpresa de la historia: ningún tema de Rocola Bacalao está registrado en dicha sociedad, simplemente porque no necesitamos hacerlo, porque no nos da la gana y porque no creemos en ella, así que ¿cómo SAYCE podía negociar con nuestros temas?
El sitio web de esta asociación (www.sayce.com.ec) se inicia con una cita en marrón que se abre paso entre los pentagramas, “Un emblema de honor por el derecho de autor”. Modernizados como están, en el buscador del sitio escribo “Carlos Contreras”, y el resultado me muestra doce temas que mi difunto abuelo, saxofonista y compositor tungurahuense, registró en tan digna sociedad por aquello de las regalías que recibiría por cada vez que sus creaciones fueran tocadas en cualquier rincón del país con fines comerciales. Escribo “Paolo Moncagatta” y el resultado dice: no existe ningún autor/compositor con ese nombre. Pongo, por si acaso, “Rocola Bacalao” , y nada, no hay resultados en la búsqueda. Cliqueo la flecha hacia atrás y de nuevo aparece, por sobre las fotos de algunos compositores ecuatorianos, el altivo eslogan de su institución, “Un emblema de honor por el derecho de autor”.
Las piezas iban engranándose para darle sentido al sinsentido de la arbitrariedad. La división del pastel era así: por cada vez que alguien se bajaba el ringtone, Teamsourcing le pagaba 10 centavos a SAYCE y el resto se dividía en partes iguales entre los creadores del tono y Movistar. Simple. Pero en todo esto, la Rocola Bacalao y Paolo Moncagatta, ¿dónde quedaban?
De nuevo, el florón pasaba de manos. Esta vez la culpa era de SAYCE; Teamsourcing “solamente” había creado el ringtone y Movistar “solo” lo ofrecía en su sitio web.
En ese punto, únicamente dos perlas podían superar la organizada mañosería que se había tramado hasta ese momento. Andrés Sandoval, vicepresidente de la flamante Movistar, concluye: por último, la culpa es del país por no tener leyes claras sobre estos temas, y a fin de cuentas, el “robo es legal” porque a alguien se le pagó por los derechos de esa canción.
Sentencia final de los empresarios del descaro. Fin tan solo del primer capítulo.

…no te metas con mi tema/
yo hice un curso de karate/
llegué hasta cinta amarilla/
pero también tengo un bate…

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8 comentarios

  1. y ahora quién podrá defendernos? cada uno se lavó las manos...te cuento que nos topamos un día con el señor vicepresidente de la transnacional y nos dijo: en serio, legal es el robo. Pero no se molesten tanto y más bien acérquense para ver si hacemos algunas cosas juntos!.....sin vergueza! por un lado....

    por otro, que mierda hace SAYCE vendiendo algo que no es suyo? y asi hacen con todos los temas con todas las bandas. Supuestamente deberían repartir ese billete pero como buenos pipones, al bolsillo!

    pero tranquilo mi pana, con entidades como estas, una pizca de pirateria, una cucharadita de TLC y un estado que ni siquiera sabe que existen músicos profesionales en el país, poco a poco iremos desapareciendo...

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  2. descubro tu blog por el de los ninjas.

    que buen post!

    muerte a sayce...

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  3. increible la historia...pero me alegro que estes escribiendo estos blogs, por lo menos de alguna manera que se llegue a mas gente y se haga conocer de estas fraudulentas entidades...que este tio ya mismo llega pa que flipemos...K lindo!!

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  4. de ley, el post está bacán, tanto así que es el comienzo de una tesis que ando escribiendo sobre derechos de autor y legislación cultural en el Ecuador, vamos ahí!!!
    P.

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  5. Pero qué hijos de su madre...

    ¿No pueden demandar a SAYCE? Es decir, ya tienen parte del papeleo hecho, y si se VE que han cobrado pero no les han pagado nada...

    Para que estas cosas no sigan pasando.

    No sé, qué frustración.

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  6. Claro bestial! en todo caso, SAYCE ya cobró por eso, deberían pasarles a ustedes lo que le pagaron al menos...

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  7. a ese sayce ai qe cojerselo ee

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  8. Acabo de leer esto y no lo puedo creer... una vez más DONDE ESTAN LOS CULPABLES????? No hay que quedarse callados.. y lo voy a empezar a repartir!

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